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Si me quedara una hora de vida, diría esto a mis hijos



Si tienes la necesidad de decir algo importante y llevas tiempo retrasando una conversación difícil, quizá el contenido de este email te resulte interesante.



Te cuento una manera sencilla de lanzarte.



Yo llevaba mucho tiempo queriendo decir algo importante a mis hijos.



Algo que me gustaría que tuvieran en cuenta cuando yo ya no esté en este mundo.



No me refiero a una despedida emotiva o a recordarles lo mucho que los padres queremos a nuestros hijos, sino a darles unos consejillos para hacer que sus vidas sean más llevaderas.



Si te cuesta hablar con un poquito de seriedad, no se trata de ponerse circunspecto. Un truco es hacerlo de una forma más desenfadada y con sentido del humor.



En mi caso, aproveché la comida del domingo y simplemente pregunté «Hoy me siento generoso con vosotros y os voy a contar un secreto que muy pocos conocen: las tres claves en la vida para sentirse bien. Estoy seguro de que no sabéis cuáles son porque sois unas cabezas de chorlito».



Ya está. Un buen comienzo para una conversación de buen rollo y participativa.



Te dejo aquí los 3 consejos que les di, por si te sirven de ayuda o te inspiran para crear los tuyos propios.



«Ayuda a las personas que te acompañan en la vida»

¿Quién está cerca de ti? ¿Quién ha decidido compartir el tiempo contigo? ¿A quién sueles ver con frecuencia?


Hoy pueden ser tus padres, mañana tus amigos, más adelante tal vez tu pareja y tus hijos, o tus hermanos.


Ayúdales en la medida de tus posibilidades, apoyándoles, haciendo para ellos pequeñas tareas que les hagan progresar o les reconforten.


No hace falta que sean esfuerzos titánicos. Mejor hacer pequeñas contribuciones. Puedes acompañarlos a dar un paseo, preparar una comida estupenda y compartirla, o animarles cuando lo necesiten. Pero ojo, no crees personas dependientes de ti. Apoyarlas, sí, pero que sepan valerse por sí mismas.


Y ten presente que ayudar no implica un retorno. No te enfades si no te dan las gracias. No caigas en la trampa de esperar un reconocimiento. El reconocimiento es un pozo sin fondo: cuanto más recibes, más profunda se vuelve tu necesidad de obtener más. Ayudas a los demás porque hacerlo te hace sentir bien. Esa es tu recompensa: sentirte bien.



«Disfruta con las cosas que haces»

Busca momentos gratificantes como la lectura de un buen libro con una mantita por encima, o saborear a relaxing cup of café con leche in Plaza Mayor.


Si llevas a cabo tareas tediosas, trata de cambiar algún paso para hacerlas más amenas, o combina esa tarea con algo que te guste (por ejemplo, gimnasio + podcast).


Hay una pregunta buenísima que puedes hacerte, y es esta: ¿esta tarea, actividad u ocupación me ayuda a…? Por ejemplo: ¿a mejorar mi trabajo?, ¿a ser más eficiente?, ¿a disfrutar más? o ¿a obtener mejores resultados? Si la respuesta es no, tal vez haya llegado el momento de abandonar esa tarea para siempre.



«Paga tus impuestos»

Dicho de otra manera, no seas un macarra ni un maleante.


Mejor no tener esos cargos de conciencia. Tarde o temprano arruinarán tu estado de ánimo y tu vida.


Que se lo digan a Koldo y compañía.



Recuerda esto: todos tenemos cosas valiosas que contar y el tiempo avanza deprisa. No esperas a difundir tus enseñanzas entre las personas que más te importan.



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