La paciencia es la madre de la ciencia
¿Son los jóvenes de hoy impacientes y por eso el mundo avanza cada vez más deprisa? ¿O más bien se han adaptado a un mundo imparable y han prescindido de la paciencia?
Hay cosas que necesitan su tiempo, caramba.
Hacer un arroz son veinte minutos. Un bebé, nueves meses. Y el experimento que el profesor de física Thomas Parnell puso en marcha en la Universidad de Queensland (Australia) ya dura 99 años y todavía no ha concluido.
Quiso demostrar a sus alumnos que la brea no es un material sólido, sino un líquido extremadamente viscoso.
Así que en 1927 puso brea en un embudo y esperó pacientemente a que cayera la primera gota.
Por desgracia, no pudo verla caer porque el bueno del profesor se marchó al valle de los quietos diez años después de crear el experimento y justo tres meses antes de que cayera la primera gota.
La novena gota cayó el 17 de abril de 2014 y se espera que la siguiente lo haga entre agosto de 2028 y febrero de 2029.
La paciencia exige humildad a sus practicantes.
Tal vez ya no seamos los protagonistas cuando aquello que hacemos crecer pacientemente empiece a dar sus frutos un día lejano en el futuro.
Tienes que verlo como un regalo que disfrutarán los hombres y las mujeres del mañana, que son los jóvenes de hoy.
Espero que para entonces se den cuenta de que ser paciente también tenía sus ventajas.
Y que nunca es tarde para empezar a serlo.
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