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Chicken ready please



Si no lo has hecho todavía, por favor te lo pido, ponte las pilas con el inglés.



Más abajo te cuento técnicas que funcionan y también una cosa bochornosa que he visto en Atocha esta mañana.



Muy bochornosa.



Con ponerte las pilas me refiero a conseguir hablar inglés con fluidez.



Ese es el objetivo. No basta con saber las 4 frases típicas, ni con entender un libro cuando lo lees, ni con captar el 40 o el 50% de una conversación mientras tú permaneces callado todo el tiempo.



Ya sé que esto requiere un esfuerzo considerable. Más de lo que parece.



Ya sé que en el colegio te enseñaron inglés mu malamente.



Nota: lo siguen enseñando igual de mal, esto no ha cambiado en 30 años. Lo digo por si hay algún director de bachillerato que me esté leyendo.



Y también sé que te volvieron a timar en esas academias de inglés a las que ibas después del colegio, que presumían de tener profesores nativos como principal reclamo y a las que tus padres entregaron generosas cantidades de dinero. Angelicos.



Demasiados traumas infantiles.



Pues te voy a decir una verdad verdadera: el estudiante que tiene voluntad por aprender inglés, —o por aprender cualquier cosa que sabe que le resultará útil en esta vida— aprende por muy malo que sea el sistema educativo que le haya tocado sufrir.



Y el que no, pues no. Incluso si le llevas al colegio privado más caro de tu ciudad. Ahórrate la pasta y el disgusto.



Mucha gente —y los padres en particular— no entienden esto. Nuestra voluntad determina los resultados, no son los medios.



Si el docente del cole es un tipo plomizo y tristón, el estudiante con voluntad se lanza a ver vídeos en YouTube. Hay profesores youtubers que son buenísimos. Prueba con Bob The Canadian, por ejemplo.



Si el libro de texto es un tostón infumable, el estudiante con voluntad se descarga una app con lecciones interactivas y aprovecha las visitas al ortodoncista y los viajes en metro a la uni para practicar. Prueba con Duolingo, por ejemplo.



Si no tiene ocasiones para practicar el speaking, el estudiante con voluntad conversa online una hora por semana con un hablante nativo. Prueba con Preply, por ejemplo.



Y si lo que le cuesta es pillar el acento, el estudiante con voluntad se zampa la serie completa de Friends en versión original y con subtítulos en inglés. Y luego repite los diálogos en voz alta. Eso es voluntad y lo demás son tonterías. 



Voluntad, perseverancia y cierta tolerancia al sufrimiento.



Así que, por favor, que no seas tú el blanco del cachondeo de los coreanos que tenía delante esta mañana en la cola del AVE, cuando un operador uniformado y guapetón nos dice, alto y claro:



—Tengan los billetes preparados, por favor. Chicken ready, please.



Como te decía: voluntad, perseverancia y cierta tolerancia al sufrimiento.



La próxima vez que te toque seleccionar nuevos miembros para tu equipo, prioriza a los candidatos en los que percibas estas tres cualidades por encima de otras.



Y que sepan hablar inglés con fluidez, claro.



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